El día de ayer fue el octavo día de protestas por el homicidio del George Floyd a manos de un policía en Estados Unidos. A raíz de todo esto se ha detonado una conversación sobre la importancia de combatir el racismo y la discriminación. Estos últimos días hemos visto la fuerza del movimiento #BlackLivesMatter en todo el mundo y personalmente he visto muchos mexicanos sumándose también a la causa a través de sus redes sociales.

Todo esto me ha llevado a una profunda reflexión empezando por el cuestionamiento:

¿por qué es tan fácil reconocer injusticias y sumarnos a causas lejanas cuando tenemos el mismo problema enfrente de nosotros? ¿Será por que reconocerlo en nuestra propia sociedad implica aceptar que nosotros somos parte del problema? Reconocer nuestra situación de privilegio y nuestras fallas en nuestra forma de actuar y expresarnos duele, pero cuando se trata de construir la realidad que queremos para todos es necesario escuchar, reconocer, aceptar y cambiar, desaprender para aprender de nuevo.

Pienso que la situación actual debería de servirnos como un espejo: una oportunidad para detectar la discriminación en nuestro propio país y más que nada en nuestra comunidad.

En México una gran parte de la sociedad esta tan habituada al racismo y clasismo que ni si quiera lo notamos. Estamos tan acostumbrados a micro-racismos, como darle preferencia en el trabajo a personas de tez blanca, llamar a alguien naco o prieto, asistir a lugares en los que discriminan por apariencias, que ni si quiera los reconocemos como actos racistas.

Según un estudio sociológico del Colegio de México sobre la pigmentocracia, en México las personas de piel clara tienen una probabilidad tres veces mayor de ser ricos, reciben en promedio 1.4 años más de educación y ganan 53% más que las personas morenas.

La discriminación en México es una realidad. Mi objetivo no es invalidar el movimiento de #BlackLivesMatter todo lo contrario, es tomar la profunda reflexión que lo acompaña y usarla para abrirnos los ojos de la realidad en nuestro país.

Así que si estas compartiendo en redes al igual que yo acerca de la lucha contra la discriminación, espero que cada imagen o mensaje que compartas venga acompañado de un verdadero compromiso. Si vamos a compartir y reflexionar es porque verdaderamente estamos dispuestos a detectar y visibilizar esta situación; tenemos que comprometernos a leer

educarnos, escuchar, tener conversaciones difíciles y levantar la voz en nuestra vida diaria.

Quizá si todos modificamos nuestro propio entorno, empezando con nosotros mismos, podremos crear un mayor impacto. Ésta es una oportunidad de despertar de forma colectiva, de sensibilizarnos y más que nada, de no quedarnos solo ahí.

Encontré en redes esta frase que resume el punto al que quiero llegar: “no podemos darle voz a los oprimidos en otro país y ser los opresores en nuestra propia casa”. En México esta en nuestras manos el cambiar la narrativa, y alzar la voz frente a estas injusticias. Tenemos el potencial para ser una sociedad empatía y equitativa. ¿Querido lector por qué no empezamos juntos por ahí?