El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y los primeros ministros Boris Johnson de Reino Unido, Justin Trudeau de Canadá y Mark Rutte de Holanda, fueron sorprendidos en video hablando sobre Trump (aparentemente en tono de burla). Ante esto Donald Trump comentó que Trudeau es un “doble-cara” y canceló una conferencia de prensa programada para antes de retirarse de la reunión de la OTAN en Londres. Quienes conocen bien al presidente norteamericano creen que esto lo enojó muchísimo, y a juzgar por sus reacciones, así fue.

Analistas como Chris Cillizza de CNN, aseguran que para Trump, no pertenecer a este tipo de grupos de élite siempre lo ha vuelto loco: a pesar de que su padre fue un exitoso magnate de bienes raíces, su fortuna neoyorquina la hizo en la zona Queens, no en Manhattan que es donde están los más importantes capitalistas de la Gran Manzana. Al heredar Trump la fortuna de su familia, inmediatamente movió sus operaciones a la isla, pero nunca fue completamente aceptado por el “club” de los millonarios. Esto es algo que siempre le ha afectado, dice Cillizza.

Sin embargo, más allá de su enojo o de su posible rencor por estas cuestiones, lo que pasó con el “club” de líderes internacionales (Macron, Trudeau, Johnson, Rutte) es la clase de escenas, que de manera involuntaria, pueden también ayudar al presdiente norteamericano, incluso en estos tiempos de impeachment. Y es que desde la óptica anti-sistema, esto abona al discurso que tanto ha pregonado Trump: lo hacen ver como un verdadero campeón del pueblo que se enfrenta a los acomodados de las élites internacionales, así como a la élite norteamericana que quiere acabar con él a través del juicio en su contra.

APUNTE SPIRITUALIS. Claro, también podemos verlo del lado demócrata: el rechazo, aunque sea de manera informal, de los principales aliados históricos de Estados Unidos hacia Trump es un ejemplo de lo fuera de sintonía y por tanto potencialmente peligroso para el orden mundial, que es tener a Trump en la Casa Blanca.