Para el presidente Donald Trump, la visita de la delegación mexicana, con motivo del inicio del nuevo tratado de libre comercio T-MEC, es un momento importante en su mandato. Para Trump es tiempo de cerrar los ciclos que iniciaron en la campaña de 2016, y de mostrar evidencias de que efectivamente le ha cumplido a la gente. Además, no le caería nada mal algo de apoyo por parte de los hispano-americanos.

Por un lado se refrenda, al menos en percepción, una de sus principales promesas de campaña: la de eliminar el TLC antiguo, o NAFTA, como lo conocían en su país. Esa dimensión anti-globalista que tanto le funcionó en 2016, debe aparecer como algo que se “cumplió”, aunque el nuevo tratado se parezca al anterior, y aunque en esencia siga siendo un esfuerzo de comercio libre en medio de una tendencia nacionalista en varias partes del mundo.

También está el tema migratorio, que como bien sabemos es otro que le ha rendido frutos a Trump. La foto con el presidente López Obrador podrían presentarla como prueba de que la estrategia de Trump está funcionado, y que de alguna u otra forma México ha cedido gracias a la gran habilidad negociadora de Trump, quien repite una y otra vez que el gobierno mexicano “se ha portado muy bien” y que el ejército está en la frontera sur impidiendo el paso de los migrantes. Y además, como decíamos, se puede llevar el apoyo de algún porcentaje de mexicanos viviendo en Estados Unidos, aunque quizá no sea mucho.

APUNTE SPIRITUALIS. Habrá que ver qué tanto le funciona la estrategia a Trump en los próximos días. Eso depende, en parte, de la respuesta a estas preguntas: ¿Cuál será el tono del discurso de López Obrador? ¿Será una foto de tres o de dos, es decir, estará también presente el primer ministro canadiense Justin Trudeau en todo momento? ¿Se tocará el tema del muro? ¿Hasta dónde le ayudará a Trump el hecho de que AMLO no se reúna con el candidato demócrata Joe Biden? ¿Qué tanta atención pondrán los norteamericanos en medio de la pandemia?