Como respuesta a la Convención Nacional Demócrata en la que oficialmente han nominado a Joe Biden como candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump decidió recurrir a su vieja y probada estrategia de meterse con los inmigrantes mexicanos, en esta ocasión asegurando que muchos de ellos son asesinos y violadores. Además volvió al tema del muro, insistiendo en que México pagará por él, y ahora explicó que será a través de un peaje a los vehículos que cruzan la frontera o un impuesto a las remesas.

En medio de la pandemia, de la difícil situación económica, de un candidato Biden cada vez más fortalecido, y de unos números electorales no muy favorecedores, el presidente Trump recurre a su carta favorita, aquella con la que ganó en 2016. Pero esta vez no está teniendo el peso que él desearía. Falta ver cómo se desenvuelve el tema, pero por más que Trump sea muy bueno para poner asuntos en la agenda nacional, la situación actual no le ayudará mucho. Los medios de comunicación norteamericanos, al menos hasta ahora, no han hecho mucho eco de las palabras de Trump, y la discusión sigue girando en torno a la pandemia y en esta semana se habla también de la “poco convencional convención” de los demócratas, aunque no haya tenido el rating de años anteriores.

Trump se ve hasta desesperado reciclando estos temas. Se nota el cambio de liderazgo en su equipo de campaña, y seguramente habrá más golpes en las próximas semanas. Desde luego, nada está todavía escrito. Pero tocar el tema de los migrantes y del muro es un intento por generar controversia y animar a sus bases como siempre, aunque quizá a los votantes que realmente necesita Trump para ganar en noviembre no les conmueva tanto el tema como en 2016. Lo veremos.

APUNTE SPIRITUALIS. Desde el punto de vista diplomático, aunque sea por campaña, las palabras de Trump son una nueva bofetada para la relación con México luego de la visita del presidente López Obrador. El pragmatismo ayuda pero la dignidad también importa.