Desde las mesas más humildes hasta las fastuosas existen tres alimentos que figuran sobre los platos: arroz, frijoles y tortilla. Buena parte de la alimentación de los mexicanos se sustenta sobre estos tres elementos que nos proveen de una variedad de nutrientes pero, sobre todo, de carbohidratos.

El equilibrio entre carbohidratos, proteínas y grasas nos permite sentirnos mejor, de ahí que, cuando solo ingerimos una comida abundante en hidratos de carbono empezamos a sentir cansancio, somnolencia, cuesta trabajo concentrarse y hasta podemos sentirnos irritables. Nos sobreviene el famoso “mal del puerco”.

Los alimentos que consumimos tienen una relación directa en cómo nos sentimos e, incluso, en cómo pensamos, de ahí que sea tan importante cuidar todo lo que permitimos que nos toque. Claro, comer bien, comer sano, no es tan difícil. ¿Quién no conoce el puchero? El típico platillo de verduras, con carne, en un guiso jugoso. Le podremos llamar de distintas maneras, pero el caldito de res es uno de los platos más sabrosos y nutritivos que podemos consumir, puesto que las proteínas de las carne se integran deliciosamente con el caldo.

Recuerdo que de pequeña me tocó escuchar una conversación en la que una señora se quejaba que dos de sus hijos estaban flacos y sus otros dos hijos eran mucho más atléticos. El doctor le preguntó que qué les daba de comer y ella dijo que a sus dos hijos biológicos (los delgados) les daba albóndigas, mientras que a sus dos hijos adoptivos (los atletas) les daba el caldo de las albóndigas. El médico le dijo: “Señora, es que usted quiere más a sus hijos adoptivos, el caldo es lo mejor que les puede dar”.

A lo largo de los años la calidad de los alimentos ha ido deteriorándose. Hoy comer pollo significa comer hormonas; res, ablandandor y pegamento de carne; y atún, mercurio. Comemos para quitarnos el hambre, no para nutrirnos. Hasta que nos cae el 20.

Cuando era pequeña solíamos salir a cenar fuera una vez por semana. Comernos unos tacos en un restaurante era una experiencia lujosa. Podíamos pedir tacos, o una torta o cualquier cosa, teníamos permiso de “chiflarnos” los sábados en la noche, porque el resto de los días comíamos comida en casa. Sin embargo, ahora, nos la pasamos comiendo comida que no nos nutre. No comemos bien, pensamos peor, y no nos preocupa.

Se nos ha olvidado que la alimentación es el eje central de nuestra salud, aunado al ejercicio. Entonces, la pregunta es ¿estamos comiendo o nos estamos nutriendo? Y lo digo reconociendo mi propio vicio por los Tostitos que, en el mejor de los casos, trato de administrar haciendo conciencia de lo que ingiero.

No me canso de repetir que somos lo que ingerimos: la comida que comemos, las conversaciones en las que participamos, los videos que vemos, la gente con la que compartimos.

Nuestro rendimiento en el trabajo, el éxito de nuestras interacciones sociales, nuestra sensación de bienestar tiene mucho qué ver con lo que permitimos que ingrese a nuestro cuerpo. Vale la pena reflexionar si todo esto nos está haciendo bien, nos nutre, o nos está haciendo un daño. ¿Hasta cuando vamos a permitir que lo que comemos y consumimos nos siga enfermando?

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