Es increíble que muchas personas sigan negándose a utilizar el cubrebocas. Y que las justificaciones vayan desde el escepticismo hasta una simple incomodidad en las orejas. La evidencia de que sí funciona está en aumento.

A ver. La Organización Mundial de la Salud ya se adaptó a estas evidencias y exhorta a la población en general a utilizar el cubrebocas como parte de la estrategia para “interrumpir la transmisión del SARS-CoV-2”.

La CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades) de Estados Unidos, a través de su director Robert R. Redfield asegura que “si todo el mundo se pusiera cubrebocas en este instante, la pandemia podría estar bajo control entre cuatro y ocho semanas”.

Un estudio de Mario Molina, Premio Nobel de Química señala que el uso de cubrebocas redujo el número de infecciones por más de 78 mil casos en Italia y por más de 66 mil casos en Nueva York y concluye que el uso de cubrebocas en público es la medida más efectiva para prevenir la transmisión de la enfermedad.

Otro estudio llevado a cabo por el Instituto de Economía Laboral en Bonn, Alemania, después de analizar dos ciudades de aquel país, concluyó que la utilización del cubrebocas podría reducir la tasa de aumento de contagios hasta en un 40%.

Académicos de las universidades de Texas y California publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences un estudio en el que señalan que el uso del cubrebocas sí reduce de manera importante la cantidad de infecciones.

Un modelo matemático de la Universidad de Cambridge indica que, incluso si solo el 50% de las personas usaran cubrebocas, aún así la curva de la pandemia podría aplanarse, aunque lo ideal y para que tenga un mejor efecto, se requiere que la gran mayoría de las personas lo usemos.

APUNTE SPIRITUALIS. Mi maestro y amigo Pablo Zubieta lanzó una excelente campaña ciudadana para el uso del cubrebocas: #LoHagoPorTi. Búsquenla en las redes sociales y acepten el reto de usar el cubrebocas. Háganlo por su familia.