El presidente Trump volvió a las andadas con su filosofía nacionalista, aquella del “Estados Unidos primero” (“America First”): ahora fue contra la Organización Mundial de la Salud, un par de días antes de la salida de Bernie Sanders de la contienda demócrata. En su clásico modo de ataque, que generalmente utiliza para defenderse de críticas y cuestionamientos, y con el que trata de desprestigiar al enemigo dándole cuerda a sus bases, el magnate anunció que revisaría los fondos que su gobierno destina a la OMS, porque es muy “chino-céntrica”. Esto preocupa a la comunidad internacional que ha confiado en el liderazgo de la organización, pero aumenta aún más la popularidad del magnate, quien vuelve a estar en modo-campaña, justo ahora que Joe Biden es el único candidato en la oposición.

Pero independientemente de la carrera electoral (faltan más de seis meses para las elecciones), hoy más que nunca el mundo necesita de una actitud global de cooperación internacional, y de instituciones mundiales que tengan verdadera fuerza y en las que se invierta más dinero y esfuerzo. Trump argumenta que no es justo que Estados Unidos aporte tantos recursos a este tipo de organizaciones mientras otros gobiernos lo hacen en menor medida. Sin embargo el beneficio para el país más rico del mundo es mayor si existen estructuras internacionales sólidas: si se hubiera invertido más en epidemiología, cuando los científicos lo solicitaban, esta crisis hubiera podido ser menos grave en términos de costo humano y material en Estados Unidos y en todo el mundo.

Joe Biden, por lo pronto, la tiene muy difícil en este momento. Tendrá que posicionarse mejor, sin dejar de estar visible, pero sin dejar tampoco de lado la responsabilidad que tiene como líder de opinión en el contexto de la contingencia.

APUNTE SPIRITUALIS. Por más políticas nacionalistas que se implementen la globalización no se va a detener, es prácticamente imposible. Lo mejor, entonces, es regularla en comunidad.