Aumenta en el mundo la controversia sobre el aislamiento por Covid-19. ¿Qué tiene más peso: la enfermedad y la muerte causada por el coronavirus, o los gravísimos problemas económicos a consecuencia de la estrategia? ¿Debemos relajar las medidas?

Veamos los números. Según el Banco Mundial, somos aproximadamente 7,500 millones de habitantes en el mundo. La proyección sobre la cantidad de personas que terminarán contagiándose varía desde el 30% hasta el 70%. Usemos la más baja: 30%. Mientras no haya medicinas el porcentaje de mortandad está aproximadamente en 5%. Supongamos que del 30% se enferma la mitad de aquí al surgimiento de medicinas o vacunas, y que no hubiera medidas de aislamiento. Estaríamos hablando de más de 50 millones de muertos, una cifra que compite con la Segunda Guerra Mundial. El aislamiento es sensato.

Sí, es verdad que hay mucha incertidumbre todavía. Pero precisamente por el tiempo que falta para medicinas y vacunas y por esa incertidumbre, lo mejor es continuar la estrategia en la medida de lo posible, porque todavía se puede hacer mucho para que quienes se van a contagiar lo hagan más tarde y recortar el número de muertes.

Ahora bien, según estimaciones de la OIT podrían perderse casi 200 millones de empleos en todo el mundo. Es muchísimo. Habrá una crisis terrible, y mucha gente sufrirá hambre por esto. Pero imaginemos el escenario en el que se acaba el aislamiento para “prevenir” estos problemas económicos, como piden algunos. Con la cantidad de muertos que estamos hablando (aunque sea solo un porcentaje de los estimados), sería contraproducente no solo por el colapso de los sistemas de salud, sino también porque una segunda ola fuerte de contagios sería fatal también para la economía y generaría aún más sufrimiento.

APUNTE SPIRITULIS. Por lo tanto la controversia entre salud y economía es un falso debate. Necesitamos más aislamiento inteligente, para prevenir muertes y para afectar lo menos posible precisamente a la economía.