Rosario Robles tomó una decisión que no quería tomar. Las circunstancias y ella misma se fueron colocando en medio de un proceso que podría llevarla a quedarse 40 años en la cárcel.

La volvieron a dejar sola. Ha cometido el error de no prever y adelantarse a los escenarios, algo de nuevo le pasó porque al ser Rosario de naturaleza política debió ir un paso adelante.

Debió preverlo en función de su experiencia, debió intuir el entorno de personajes del priismo en los cuales todo indica que confió sin cuestionar absolutamente nada perdiendo de vista quiénes eran, qué buscaban y sobre todo conociendo las tropelías que está a la vista que estaban cometiendo y de las cuales se ve difícil que no conociera.

La prueba está en que ha cambiado su silencio porque sabe muchas cosas y porque si se mantiene callada las consecuencias pueden materialmente acabar con su vida.

Hace algunos días en estos Quebraderos hacíamos referencia a los escándalos de flagrante corrupción como forma de gobierno en la pasada administración. Le alertábamos sobre lo que se podía venir como parte del proceso de corrupción porque son muchos los personajes y las instancias que debieron estar involucradas; difícilmente hoy están todos los que fueron y son.

Que Luis Videgaray sea una nueva versión del villano favorito y presunto eje de la trama no significa que sea el único responsable o termine como la mano que meció la cuna.

Por más que hoy los abogados de Rosario aseguren que su cliente no hablará en contra de Peña Nieto no puede haber garantía de ello. Al final el expresidente era quien dirigía el tránsito y ya sea por acción u omisión tuvo que ver en todo lo que pasó en su sexenio, no hay manera de que no comparta responsabilidades o esté ajeno a ello por más que las voluntades de Robles traten de hacerlo a un lado.

Nos somos de la idea de que el Presidente López Obrador haya hecho un acuerdo o algo parecido para no tocar a Peña Nieto. No tendría por qué hacerlo porque no le debe nada, el tabasqueño ganó por la buena sin deberle nada a nadie de no ser por los malos gobiernos que le abonaron el camino, en el cual si alguien se esmeró fue el mexiquense bailarín con su gestión como presidente.

Más bien a López Obrador la decisión de Rosario Robles le puede venir como “anillo al dedo”. La razón es que se abre un frente que no tiene que ver con él, pero sí con su sistemática denuncia del pasado. El escándalo que estamos viendo, junto con todo lo que falta por ver, confirma todas sus afirmaciones además de que le permite una capacidad de maniobra que por momentos va perdiendo, en función de los escenarios que ya son parte de su responsabilidad directa y que cada vez son más problemáticos empezando por su estrategia ante el coronavirus.

Varias interrogantes están ya acompañando la decisión de Rosario. Quien debiera estar preocupado es el pausado José Antonio Meade. Lo tienen en la mira al igual que al pariente de Peña Nieto, Alfredo del Mazo. Han adelantado que fluían con singular alegría los dineros hacia sus campañas.

El asunto para Meade debe ser de la mayor de su importancias porque ha intentado llevar su carrera de la mano de la transparencia y de comprobarse que los dineros del erario público fueron utilizados en su campaña la situación lo golpea en su área de flotación.

Todo es escándalo, todo es producto de una gestión de gobierno lamentable que hoy puede empezar a pagar sus responsabilidades.

A Rosario Robles la dejaron sola y no le quedó de otra que abrir la boca a los representantes de un gobierno que lleva años teniéndola en la mira, recordemos que “mi pecho no es bodega” y que “no soy rencoroso, pero no olvido”.

RESQUICIOS

Dos temas a atender. Habrá que ver los alcances de la reunión en Palacio Nacional sobre la subcontratación, no hay manera de que el nuevo proyecto se eche a andar en enero. El otro asunto estará en diputados, a la legalización de la marihuana debe quitársele la parte penal que le dejaron senadores.