Los inventarios de emisiones son un instrumento en el que se especifican las fuentes de contaminación, así como la cantidad y tipos de contaminantes emitidos hacia la atmósfera durante cierto periodo de tiempo. En dichos inventarios se contempla un apartado en el que se hace referencia a las fuentes naturales, las cuales no provienen directamente de las actividades humanas, pudiendo ser éstas biogénicas o geogénicas. Las biogénicas son las incluyen las emisiones de los bosques, suelos y cultivos, mientras que las geogénicas abarcan las emisiones de los volcanes, géisers y manantiales de aguas sulforosas, por ejemplo.

En esta ocasión hablaré de las fuentes biogénicas. Abordando el tema de manera general, pudiéramos decir que los árboles y plantas emiten principalmente compuestos orgánicos volátiles, mientras que en los suelos se producen los óxidos de nitrógeno como parte de los procesos de nitrificación y desnitrificación, además del polvo que surge por el soplado del viento e incendios silvestres. Con esto quiero decir que sí, las fuentes naturales también contaminan y forman una parte del problema de la contaminación atmosférica, por lo que deben considerarse en los inventarios de emisiones, así como en las estrategias para mejorar la calidad del aire.

En ese sentido, resulta de gran importancia revisar los planes de reforestación que tienen los diferentes niveles de gobierno. Si bien, es bueno plantar árboles en las zonas metropolitanas, resulta relevante saber cuáles son las especies más convenientes para sembrar, de acuerdo a la región, tipo de suelo y sus respectivos factores de emisión. No solo se trata de sembrar por cumplir con la metas de un programa de arborización y embellecer la zona visualmente, sino buscar sacar el máximo provecho a los beneficios ambientales que los árboles traen consigo.

Algunas de estas decisiones se toman en los municipios y se requiere estar conscientes de los impactos de estas fuentes biogénicas en la calidad del aire. De entrada, se debería optar por sembrar especies nativas que requieren menos mantenimiento. Posteriormente, se deben contemplar los factores de emisiones de dichas especies, optando por las que emiten menos isoprenos y terpenos, los cuales pudieran reaccionar y convertirse en ozono. Por citar algunas especies con elevados factores de emisión de los contaminantes mencionados con anterioridad, tenemos al encino, ficus y eucalipto. Por otra parte, también se podría considerar el tipo y tamaño de la hoja del árbol. Si la hoja es grande, puede frenar el paso de las partículas, quedándose éstas retenidas en su superficie.

En numerosas ocasiones hemos visto cómo se opta por seleccionar el encino. Si bien, lo encontramos en la región, en la zona boscosa; en el área donde tenemos gran afluencia vehicular, deberíamos estar considerando especies distintas. Un punto importante es que si ya están sembrados, prefiramos dejarlos ahí, pero en los nuevos programas, veamos la forma en que nos podemos comprometer más con el mejoramiento de la calidad del aire y demos un vistazo a los factores de emisión de isoprenos, terpenos y compuestos orgánicos volátiles, de tal forma que no solo se cumpla con una meta que hace que la ciudad se vea más bonita y verde, sino que tengamos más y mejores pulmones que nos ayuden realmente a oxigenar el aire que respiramos.