Es una incógnita lo que puede terminar pasando en Estados Unidos. Se están juntando escenarios que lo están impactando y que por su influencia en el mundo todo indica que va a terminar por afectar la dinámica internacional.

Lo que pase en EU puede cambiar el orden mundial. Está en medio de una crisis que no es sorpresiva, tiene que ver con la construcción del país y su desarrollo histórico.

Lo que sí es nuevo es el Covid-19, pero los problemas sociales y la crisis por lo que está pasando es la suma de circunstancias que tienen que ver con las contradicciones que rodean el desarrollo del país.

El asesinato de George Floyd es parte de una dinámica interna de vida. No es un hecho aislado, independientemente de los protocolos de actuación que tiene la policía en situaciones como la que sucedió en Minneapolis.

El racismo sigue siendo una lamentable asignatura pendiente para la sociedad estadounidense. Está presente a pesar de grandes luchas sociales que han intentado cambiar el estado de las cosas.

EU está de nuevo viviendo las luchas reivindicadoras por el gran problema que es la desigualdad social. El coronavirus ha agudizado todo, empezando por los 40 millones de ciudadanos que se han quedado sin empleo estos días, a lo que se deben sumar los altos niveles de pobreza en el país.

EU está en medio de una gran crisis, porque a todo esto se suma el desacreditado liderazgo de Donald Trump. El presidente empieza a ser parte del problema, porque por más que puede establecer un proyecto económico de recuperación en el corto y mediano plazo ya es un factor de división interno.

Las manifestaciones de estos días tienen que ver con George Floyd y con la recurrente violencia policiaca, en particular contra las minorías que en muchos casos están empezando a dejar de serlo. Cada vez esta más a la vista que las acciones ciudadanas forman parte de actos de protesta en contra del gobierno del empresario-presidente.

Trump ya es parte del problema, está siendo cuestionado no sólo por los ciudadanos sino también por los entes del poder, por las policías y por el Pentágono. El presidente es parte de los cuestionamientos de una sociedad que está alcanzando niveles de hartazgo.

Trump no ha tenido la capacidad de asumir un liderazgo que atempere los ánimos para encontrar puntos de encuentro y cohesión, cabe la posibilidad de que incluso no le interese hacerlo.

Estados Unidos está en uno de sus peores momentos de su imagen ante el mundo. El Estado de derecho y la libertad hoy son definidos por Trump bajo la máxima de “yo soy la ley y el orden”. Las amenazas del presidente, muchas de ellas cumplidas, han provocado, alterado y enrarecido el ambiente.

Todo esto se presenta en medio del coronavirus. EU es el país más afectado por el Covid-19 y como se ha alcanzado a apreciar no hay manera de que en las manifestaciones se mantenga la sana distancia; veremos qué termina por pasar en 15 días.

La crisis es de fondo y cuestiona la estructura y las bases de la sociedad estadounidense, lo que puede alcanzar a muchos países porque está en el modelo hegemónico internacional.

No se puede descartar la posibilidad del efecto dominó en otras naciones. Se ven indicios a través de manifestaciones solidarias con George Floyd y con todo lo que su asesinato significa en la vida de un país que es un referente y, al mismo tiempo, un modelo aspiracional.

Falta mucho por ver. La crisis no va a terminar con todo y que se atempere la pandemia, ni aunque se hagan inversiones millonarias, ni con las elecciones, gane o pierda Trump.

El problema es estructural. Lo que acabe pasando en EU le va a afectar a todo el mundo, empezando por nosotros.

RESQUICIOS.

El cubrebocas como instrumento fundamental para evitar contagios y contagiar lo exige la OMS, la OPS, los especialistas, las autoridades mexicanas de salud, los hospitales del país, el metro, los aviones y a estas alturas el sentido común; es un enigma la reticencia a usarlo.