En medio de las muchas tempestades en que andamos el Presidente es y seguirá siendo una de ellas. Ubicarlo como algunos han hecho como responsable de nuestros males resulta irresponsable.

Efectivamente el tiempo ya corre a su favor o en contra, pero es evidente que buena parte de las estructuras sobre las cuales ha sido construido el país merecen cuestionamientos. El gran problema está en que estamos urgidos de las instituciones para resolver nuestros problemas y éstas, en lo general, no están respondiendo a las demandas sociales cotidianas.

La posibilidad de que el sistema de salud colapse tiene que ver con la forma en que se le trató a lo largo de décadas. No hay duda que se hicieron cosas extraordinarias, tenemos gente muy capacitada, pero, al mismo tiempo, mal pagada, desprotegida y que termina por ser en número insuficiente para enfrentar las demandas.

El Presidente como eje y como principio y fin está en el centro y no va a dejar de estarlo. La molestia y enojo que provoca en ciertos sectores si bien en algunos casos tiene su razón de ser, también se debe a que muchas cosas que está haciendo López Obrador efectivamente están afectando intereses.

Al no haber paralelismo con otras administraciones en el ejercicio del poder estamos como sociedad enfrentando un inédito. Gobernar recordando sistemáticamente el pasado y colocándolo como el centro de los problemas que se enfrentan, a lo que se suma que en ocasiones el Presidente actúa con algo que bien parece ser revanchismo, está terminando por afectarle a López Obrador en primera persona.

La baja de popularidad en las encuestas debe ser un referente para el Presidente. Es cierto que no hay manera de que se mantenga en altos niveles de aceptación a lo largo de un mandato, tampoco es posible salir invicto en una crisis como la que estamos viviendo ante el Covid-19.

Es hasta cierto punto lógico que las mediciones se muevan bajo procesos desiguales, la clave es qué tanto el Gobierno está haciendo un acuse de recibo de todos los escenarios que viene enfrentando, qué tanto está tomando conciencia de las inconformidades de la sociedad considerando que se gobierna para todos no sólo para los seguidores.

En la desesperada y con enconos cargados de adjetivos, inopinadamente ha surgido la idea trasnochada de que el Presidente renuncie o algo parecido. Independientemente de las críticas que se merezca López Obrador debemos entender que bajo el régimen constitucional y democrático es y será el Presidente por seis años. Vemos difícil que pierda, a pesar de todo, la consulta que ha programado para ver si se queda en la Presidencia la segunda parte de su mandato.

En medio de estos escenarios es fundamental elegir las batallas políticas y sobre todo entender los tiempos con prudencia y sensatez. Hoy por hoy lo importante es salir lo menos dañados del coronavirus, ante el cual el gobierno debe desarrollar una estrategia de transparencia, oportunidad informativa y cohesión nacional; el tema Jalisco es delicado si nos atenemos a lo dicho por el gobernador del estado.

Meterse en debates y discusiones que en muchos casos se definen y establecen bajo filias y fobias no abona y menos para lo que vendrá después que pase el coronavirus, que ya pasará.

Estos días son particularmente importantes porque hay que guardarse al máximo y también porque el Gobierno tiene que determinar su estrategia para enfrentar el presente convulso y el futuro incierto.

Todos estamos a prueba, pero sin duda, el Gobierno es quien lleva mano. En un escenario tan delicado y confuso uno esperaría que el uso del lenguaje y la relación con la sociedad tendrían que tejerse de manera distinta de lo que se está haciendo.

RESQUICIOS.

EU está padeciendo como pocas naciones el coronavirus. Por cómo se están dando las cosas, el país puede entrar en una gran crisis que le pudiera llevar a perder su liderazgo mundial y a Trump las elecciones; los está alcanzando el destino.