Las definitivas diferencias entre el Presidente y un sector empresarial llegan en el peor momento. De alguna manera se habían atemperado bajo algo que podríamos llamar “civilidad”.

Pero recordemos que las diferencias son de siempre, es fondo y forma y no hay manera de que vayan a desaparecer. Lo que está pasando es que la crisis por el Covid-19 está de nuevo manifestando las distintas concepciones no sólo de un momento sino sobre todo de la concepción de país.

Si alguien sabe de estas diferencias es el propio Presidente. A lo largo de años las ha evidenciado, aunque ahora tenga un discurso en que busque atemperarlas. En la posición en la que está trata de entenderse con los empresarios, pero nadie mejor que él para saber que las diferencias son de fondo.

El Presidente le ha dado variantes a su discurso, pero la esencia no cambia. Lo que está apareciendo de manera inquietante son las contradicciones, lo cual le va a acabar afectando tarde que temprano. Cada vez se aprecian un mayor número de matices respecto de lo que dijo en campaña, de lo que ha dicho a lo largo de este año y medio y de lo que hoy plantea y ve.

Hasta ahora la relación entre el Presidente y los empresarios se había mantenido en terrenos de la convivencia, uno y otros se saben mutuamente dependientes. Sin embargo, lo que no se puede soslayar es el mandato claro de la sociedad en favor de López Obrador. El propio Presidente hace referencia a ello para explicar y justificar sus políticas y sus decisiones.

A lo largo de este casi año y medio los empresarios han entrado y salido de Palacio Nacional. Saben bien de origen que el Presidente no los ve con buenos ojos y quizá por ello su silencio y el hecho de que el Presidente aparezca como si fuera su vocero.

La información sobre las reuniones, por lo general, termina por conocerse a través de lo que dice el Presidente o sus voceros, lo que deriva en un sinfín de interpretaciones en donde el referido silencio, las caras y muecas de los empresarios terminan por interpretarse para dar cuenta de las reuniones.

López Obrador habla hasta por los grandes empresarios como Carlos Slim, Alberto Bailleres y Germán Larrea. El mandatario aseguró que tiene el apoyo definitivo de estos personajes quienes, con excepción del ingeniero, públicamente no han dicho ni sí ni no.

Ayer el Presidente dio a conocer una información de interpretables lecturas, pero que es un hecho alarmante y contundente. Aseguró que 15 grandes contribuyentes deben al SAT 50 mil millones de pesos. con todo y multas y recargos. El dato coloca contra las cuerdas a una parte del sector privado y lo conmina, atempera o somete, según se le quiera ver.

Como no van a desaparecer las diferencias, el reto es encontrar el entendimiento. Los escenarios están repercutiendo seriamente en diferentes ámbitos y están alcanzando a la sociedad en su conjunto.

La reunión del martes de un grupo de empresarios muestra otra estrategia y otra actitud. El Presidente de los banqueros planteó que haya acuerdo o no con el Presidente se deben desarrollar estrategias propias. El presidente del CCE puso en la mesa retadoramente el tema de las elecciones de 2021 y los 30 millones de votos que tiene López Obrador, lo cual más vale que no sólo los empresarios lo soslayen.

Como están las cosas y en función de lo que con bases se pronostica que viene, tanto el Ejecutivo como los empresarios tendrían que buscar formas de entendimiento.

Si a estas alturas no saben lo que ya anda provocando su confrontación, por más que el Presidente la minimice, significa perder de vista en lo que estamos metidos más de 123 millones de habitantes.

RESQUICIOS.

Tres temas de AL.

1. ¿Qué va a pasar con la sentencia de ocho años de cárcel a Rafael Correa, expresidente de Ecuador?

2. ¿Dónde está el presidente de Nicaragua Daniel Ortega?

3. ¿Vamos a hacer como si no estuviera pasando nada ante el despliegue de las fuerzas militares de EU en el Caribe con rumbo a Venezuela?