El Presidente decidió no cambiar su estrategia. Sigue por la misma línea sin cambiar un ápice en lo que cree sin permitir que se le cuestione, está y va a contracorriente de lo que en la gran mayoría del mundo se está haciendo.

Su mensaje del domingo fue dirigido a la mitad de la población. Se esperaba que hubiera algún tipo de incentivo para el otro 50 por ciento del país, pero no fue así, habrá que ver qué sucede en los próximos días no somos de la idea de que este capítulo esté terminado estratégicamente porque la otra realidad puede terminar por alcanzar al Presidente.

Faltan muchas cosas por ver las cuales podrían obligar a tomar decisiones que no necesariamente vayan de la mano del “librito” del Ejecutivo, para decirlo beisboleramente.

López Obrador sigue pensando con razón en los más pobres y que por ningún motivo sean quienes carguen con la crisis. Es encomiable la estrategia; sin embargo, no queda claro, sólo el tiempo nos lo hará saber si resulta ésta la mejor decisión en función del todo como nación.

El problema que podemos enfrentar como sociedad es que la estrategia no ajuste como país. El discurso-planteamiento del Presidente dejó fuera a sectores de la población que no son los más favorecidos.

Las clases medias van caminando en vilo porque, aunque no parezca en muchos sentidos, empiezan a estar en el proceso de vivir al día. Las Pymes van a requerir un gran apoyo porque son las que en buena medida mantienen a un número importante de ciudadanos.

Lo que no se puede soslayar, a pesar de lo que para muchos merece crítica y hasta decepción, es el hecho de que el Presidente tenga como objetivo central a los sectores más desprotegidos y lo haya ratificado en su informe. El coronavirus vino a evidenciar aún más las grandes diferencias socioeconómicas que tenemos.

El Presidente si algo quiere es, presuponemos, no ahondar aún más las diferencias. La muy cuestionable expresión de que la crisis “nos viene como anillo al dedo” es muy probable que tenga que ver con que ratifica el diagnóstico de desigualdad que sistemáticamente plantea el Presidente, pero no por ello es oportuna.

A pesar de ello, las estrategias ante el momento que estamos viviendo no pueden seguir en terrenos aldeanos. El país es grande y diverso y ante lo que está pasando urgen estrategias alternas marcadas por la inclusión y no por el aislamiento hacia ciertos sectores que, a querer o no, también conforman la realidad nacional.

Insistimos que es loable y digno de reconocimiento el pensamiento presidencial en función de los más pobres, es consistente con su ideología y sus largas luchas políticas. Es también significativo que el Gobierno se apriete aún más el cinturón.

Pero también debe reconocer y atender que tiene que abrirse y ser sensible a un diagnóstico integral que permita a todos reconocerse desde su espacio como parte de las estrategias de Gobierno y de la gobernabilidad. Es razonable que López Obrador mantenga sus objetivos, pero no puede pasar por alto que gobierna para todos.

Lo que el Presidente no parece terminar por considerar es que estamos en medio de una urgencia inédita, la cual requiere de medidas excepcionales porque por más que “la crisis sea transitoria” las consecuencias que ya provoca son de riesgo todavía incalculable.

Se tendrá que dejar el “librito” en algún momento para que sin dejar por ningún motivo el “primero los pobres”, entender que el nivel por el tamaño de la crisis solamente se puede atacar con una visión integral.

Es definitivo que en la estrategia del Gobierno nada puede ni debe recaer de nuevo en los que nunca han tenido nada. Sin embargo, como están las cosas si algo queda claro es que lo que está de por medio no es sólo un sector de la población es todo el país.

RESQUICIOS.

“Los tiempos oficiales están integrados por el tiempo fiscal y los tiempos del Estado. Los tiempos oficiales no son del Gobierno de turno son del Estado en su conjunto”. “Comunicado AMEDI”.