Hace cuatro años tuve la oportunidad de cubrir para MILENIO las convenciones de los dos partidos norteamericanos. Recuerdo bien el contraste: en la republicana había un ambiente unificado, homogéneo, pero de exclusión y mucho grito anti-sistema; en la demócrata, más diversidad, inclusión, y divergencias, pero con ecuanimidad e institucionalidad. Las convenciones de este año, aunque les han llamado “poco convencionales” por llevarse a cabo sin un gran público debido a la pandemia, y a pesar de que ahora los republicanos son los defensores del statu quo y los demócratas velan obviamente por un cambio en la Casa Blanca, tienen una vibra muy similar que en 2016, en lo general.

Desde los símbolos hasta los contenidos de los discursos, pasando por los invitados y los temas a tratar, vemos las mismas y muy claras diferencias de visión política entre trumpistas y demócratas. Y digo “trumpistas” porque del Partido Republicano clásico queda poco.

A pesar de que en la repartición de la indignación le tocaría más al lado demócrata (indignación contra la administración Trump), la mayoría de los gritos siguen viniendo del lado trumpista. A pesar de que Donald Trump es quien quiere reelegirse, su convención sigue sonando más “rebelde”, mientras que los demócratas hacen apología de la institucionalidad. Los trumpistas defiendien la irreverencia e incorrección política de su líder, mientras que los demócratas hacen una oda a la decencia de Joe Biden. Mientras que en el lado republicano vemos a Trump todos los días, y hay muchas ausencias clásicas importantes, del lado demócrata aparecen no solo los ex-presidentes, sino también algunos notables republicanos anti-Trump. A Biden lo vemos solo al final.

APUNTE SPIRITUALIS. Ya no hay republicanos contra demócratas. Ahora la verdadera pugna política, independientemente de los partidos, es entre nacionalistas y globalistas, entre anti-sistema y constitucionalistas, entre populistas de mano dura y “demócratas republicanos”.