Durante estos días en los que la actividad económica ha disminuido, tratando de dar batalla contra el coronavirus, de igual forma se han reducido las emisiones de gases de efecto invernadero (GEF). Ahora bien, se cree que a medida que se reestablezcan las actividades habituales, estas emisiones pudieran llegar a tener un aumento constante, como efecto de las caídas de los mercados y las crisis financieras.

Una vez que la economía retome su rumbo, las empresas volverán a su ritmo habitual de operación y tendrán el mismo o mayores niveles de emisiones; los individuos reactivarán los viajes en auto, avión, las reuniones laborales y sociales, así como el consumo de bienes y servicios, y estas acciones traerán consigo mayores emisiones antropogénicas, afectando al clima y la calidad del aire que respiramos.

En estos momentos, la actividad tiende a ser un poco más lenta, por lo que valdría la pena que los responsables de medio ambiente o sustentablidad de las empresas aprovecharan para tratar de que todas las áreas que forman parte de la organización busquen la forma de reducir la huella de carbono de las acciones que realizan. De igual forma, este alto en el camino podría ser ideal para los gobiernos para ajustar el rumbo y/o planear proyectos y acciones que ayuden a mejorar la calidad del aire y disminuir los efectos del cambio climático.

Ahora bien, para todos los que tenemos algo de tiempo libre y queremos intentar algo nuevo durante este periodo, les quiero compartir un ejercicio que vale la pena realizar. Vamos a calcular nuestra huella de carbono y ver cómo pudiéramos compensar los efectos negativos de nuestro paso por el planeta, realizando cosas positivas que mejoren nuestro medio ambiente.

En la página carbonfootprint.com se presentan diferentes calculadoras gratuitas. En el modelo que ahí se muestra, se puede definir el periodo que deseamos analizar, ya sean años o meses. Posteriormente, en el concepto de vivienda se deberá de ingresar el consumo de combustibles que se realiza en el hogar; en el concepto de viajes se introducirá la información de los vuelos que se tomaron en el periodo en cuestión, indicando el origen y destino; en cuanto a los autos, se requiere indicar el tipo de carro que utilizamos y su kilometraje, así como el consumo de gasolina, replicándose estos conceptos para el caso de las motos, trenes y autobuses; luego podemos proceder a la parte de alimentos, medicamentos, artículos de papel, computadoras y equipo electrónicos, además de las actividades recreativas, culturales y deportivas, por citar algunas opciones.

Como se puede apreciar el estudio es general, pero nos sirve para darnos una idea del volumen de emisiones de bióxido de carbono (CO2) que se derivan de nuestras actividades diarias, para más tarde pasar a la sección más interesante: definir cómo podemos compensar estas emisiones de GEF y disminuir el efecto negativo que nuestras acciones tienen sobre el planeta.

A veces no estamos del todo conscientes de que las actividades que realizamos a diario impactan negativamente a nuestro medio ambiente. Vale la pena calcular nuestra huella de carbono y así revisar qué hábitos podemos cambiar y qué acciones podríamos emprender para mejorar nuestra convivencia con la naturaleza. Por ejemplo, podemos utilizar menos nuestro carro, reducir el consumo de carne, comprar productos locales, evitar el consumismo y/o plantar un árbol.

Esta es nuestra oportunidad de actuar. Los avances tecnológicos y científicos nos permiten tener una vida muy cómoda, donde las modas cambian constantemente y casi todo se encuentra a nuestro alcance con gran facilidad. Todo ello a expensas de nuestro medio ambiente. Hay que iniciar por un cambio y hay que hacerlo rápido, antes de que sea demasiado tarde.