Los humanos, hasta en saber, cuántos terrícolas habitamos el planeta, no nos ponemos de acuerdo. Sin embargo, muchos son los que estiman que somos ya 7 mil 700 millones de bichos. Parasitos, cuyo motor y gen interno, es todo, menos perfecto.

Hacemos deporte de los pecados capitales de todas las religiones; nos hemos reducido a depredadores “inteligentes” de nuestro entorno, y expresado así, suena bastante romántico.

Somos glotones, asesinos, traicionamos sin que nadie nos pare, y si bien la genialidad depositada nos da hoy el mejor y más elevado nivel de confort, de qué nos sirven las maravillas, si terminamos enjaulados.

Que no es lo mismo el encierro, con una copa de Dom Pérignon, que con agua de la llave y en muchísimas ciudades ni eso, por supuesto, pues igual, todos se mueren de viejos, como aprendí de Papa Mago.

Somos una multiplicidad de crueles matones, un multiconjunto de alovosos que nunca medimos consecuencias, pues nos diseñaron con la más enorme de todas las falasias y venta perfecta de eternidad.

Teorizar aquí sobre el bien y el mal, quizá sea ocioso, pues conozco decenas de frases que pasan, por la simpleza, de ser más los buenos que los malos, hasta en el filosofar sobre la insoportable, la infinita levedad del ser.

Somos una broma malparida, de quién. No busquen en el cielo, somos una carcajada, una mueca frente al espejo y es lo menos.

¿Quién nos salva? No creo en más opciones que las propias. Existe un antídoto para sobrevivir a nuestra estulticia genética original, esa falla que nos persigue por milenios y que nos lleva a una permanente implosión.

Se me acaba por “estolidez”, el rollo, pero bueno, igual que ustedes, víctima del encierro, por ratitos, entre series, libros y horas de navegación busco vacunas para ganar la batalla.

Y si quiere soluciones, empiece por Usted mismo, a usted y a nadie más. Que en esta guerra de parásitos contra bichos, toca confirmar que estamos aprendiendo la lección.

Hasta hoy se nota que no. Queremos muertos frente a la puerta de nuestra casa, en el cuarto de junto, en nuestra propia cama, para aceptar que la muerte tiene permiso y que respira en nuestros pulmones hasta agotar nuestro propio aire.

De refill, cortesía de Esopo: El perro y su reflejo en el río. “Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo. Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre”.

“Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no existía, solo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente".

De nosotros depende… por ahora paguemos la factura con dignidad…

Lo mejor de cada casa…

Y la solidaridad es muy local que en el caso de Tamaulipas, el secretario de Turismo en el Estado, Fernando Olivera Rocha, reveló que las micro empresas del ramo con menos de 20 empleados, estarán consideradas para ser apoyadas en un programa emergente como parte de la estrategia oficial para ayudarlas a sobreponerse a los problemas económicos generados por la pandemia del coronavirus.

Buscarán además apoyos de Nafinsa y la secretaría de econonomía para ayudar a las empresas y que estas no sea vean afectadas gravemente por esta contingencia sanitaria.

Y siguen avanzando las medidas Pro-Fase 3, como en Tampico donde el presidente municipal Chucho Nader decidió cerrar la zona centro a fin de contener el avance del Coronavirus.

Una medida dura pero necesaria supervisada por elementos de Tránsito y Vialidad y solamente se permite el acceso a personas con alguna necesidad laboral, médica o alimentaria, obvio a los que viven ahí.

En la capital, las medidas de la semana van en crecimiento y la zona de mercados fue conminada a cerrar, vamos a ver si hacen caso, que no duden que la autoridad estatal, les podría cerrar, a la “deahuevo”.

Del cuarto piso.- Y vamos a estar muy atentos este fin de semana cuando finalmente nos enteremos del destino laboral operacional de las maquiladoras. En toda la frontera mexicana, existen problemas y terror por el coronavirus.

Algunas tienen programas muy agresivos de desinfección permanente y solidarias, monitorean a sus empleados para evitar riesgos. Los casos de sospecha se van a su casa, con goce de sueldo. Gracias Brownsville Rubber, un caso de solidaria excepción.

Otrosí: Ya vieron el Pangolín, tan tierno que hasta se antoja de mascota. Pues resulta que este hermoso ejemplar asiático es otro de los portadores de Covid19 y de otras variables. Así que sonrían, pero solo por segundos.

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