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CIUDAD DE MÉXICO.- Alguna vez con un prometedor futuro en la política mexicana, el ahora encarcelado Emilio Lozoya, exdirector de la petrolera estatal Pemex, podría convertirse en la llave para destapar una caja de pandora de casos de corrupción al interior del anterior gobierno del expresidente Enrique Peña.

Lozoya, de 45 años, arrestado en Málaga en febrero y a punto de ser extraditado a México, es acusado de asociación delictuosa, cohecho y operaciones con recursos de procedencia ilícita que involucran a la acerera mexicana Altos Hornos de México (AHMSA) y a la brasileña constructora Odebrecht, envuelta en un escándalo de corrupción por entrega de sobornos.

El exjefe de Pemex aceptó ser extraditado a México a finales de junio y colaborar con la justicia para “esclarecer los hechos”, la participación de otros posibles involucrados, incluyendo “personas de relevancia o grupos políticos”, ha dicho el fiscal general, Alejandro Gertz.

Esto ha desatado una serie de especulaciones sobre lo que su regreso a México pueda significar para Peña y otros de sus excolaboradores, como Luis Videgaray, su “hombre fuerte”, secretario de Hacienda y canciller en su gobierno, con quien Lozoya tuvo una ríspida relación.

López Obrador llegó a la presidencia empujado en parte por el hartazgo por escándalos de excesos del gobierno de Peña y ha hecho del combate a la corrupción su estandarte de gobierno.

“Todo esto debe de darse a conocer”, dijo López Obrador en su conferencia de prensa matutina el miércoles sobre la posible corrupción alrededor de las acusaciones contra Lozoya.

Los abogados de Lozoya, un exjefe para América Latina del Foro Económico Mundial, han asegurado que él siempre actuó bajo órdenes de Peña, quien ha negado haber cometido cualquier delito, así como Videgaray, quien ahora vive en Estados Unidos.