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BRASIL.- Como cada domingo, el pastor brasileño Silas Malafaia subió al escenario de su templo pentecostal en un vecindario de clase media de Río de Janeiro. Pero esta semana, llevaba camiseta en lugar de chaqueta y, detrás de las tres cámaras que emiten a su legión de seguidores en YouTube, había miles de sillas vacías.

Las iglesias brasileñas están en la primera línea de una batalla entre los gobernadores estatales, quienes han decretado cuarentenas para contener la expansión del nuevo coronavirus, y el presidente, Jair Bolsonaro, que está socavando activamente estas medidas y afirma que un confinamiento general acabará destruyendo la economía del país.

Los evangelistas, que tienen un fuerte peso político en el país, ayudaron al presidente de ultraderecha a llegar al poder en las elecciones de 2018 y Bolsonaro les está haciendo saber que no les olvida, según analistas políticos. Los pastores más influyentes respaldan la postura radical del mandatario sobre la pandemia y respetan a regañadientes las órdenes de los gobernadores, bien cancelando sus servicios u ofreciéndolos por internet. Pero hay indicios de que algunas iglesias están desobedeciendo estos mandatos.

"Pregunto, ¿qué es peor: El coronavirus o el caos social?”, dijo Malafaia, uno de los pastores más destacados del país y líder de la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, a The Associated Press. “Puedo garantizarles que la convulsión social es peor”.

Esta opinión refleja el argumento de Bolsonaro, que ha instado a los gobernadores a abandonar el confinamiento y comparó el COVID-19, la enfermedad provocada por el coronavirus, con una “pequeña gripe” que amenaza principalmente a ancianos y a gente con enfermedades previas. El domingo, salió a la calle sin guantes ni mascarilla y participó en múltiples actos desafiando las recomendaciones de su propio Ministerio de Salud.

Bolsonaro, un católico conservador que se casó con una evangélica en una ceremonia oficiada por Malafaia, se ha centrado en la necesidad de reabrir las iglesias. “Dios es brasileño”, dijo a la gente el domingo, según reportó el diario O Globo.