Tags:

FRANCIA.- El tren de alta velocidad recorrió campos de batalla históricos de la I Guerra Mundial y atravesó el Valle del Loira, salpicado de castillos, con un frágil cargamento: pacientes graves de COVID-19 y las máquinas que los mantenían con vida.

El TGV convertido en Unidad de Cuidados Intensivos es apenas una pieza de la movilización nacional de trenes, helicópteros, jets e incluso un buque militar, desplegados en Francia para aliviar hospitales congestionados y trasladar a cientos de pacientes y personal médico dentro y fuera de los focos de infección.

“Estamos en guerra”, reitera el presidente, Emmanuel Macron, en sus mensajes a sus compatriotas.

Pero mientras el líder de 42 años se presenta como guerrero y enarbola el poder de las fuerzas armadas, las voces críticas alegan que tardó demasiado en actuar contra su enemigo. Francia, uno de los países más ricos del mundo y con uno de los mejores sistemas sanitarios, señalan, nunca debería haberse visto tan sumida en la crisis.

Cuando llegó la pandemia, Macron acababa de dejar atrás semanas de dolorosas huelgas contra la reforma de las pensiones y un año de violentas protestas de los “chalecos amarillos” contra la injusticia económica. Ahora está teniendo problemas por mantener todo en marcha en uno de los países más afectados del mundo.

El mercado de alimentación de Rungis, en el sur de París y el más grande de Europa, se ha transformado en una morgue mientras la cifra de muertos en Francia superaba los 7.500. Casi 7.000 pacientes están en cuidados intensivos, llevando a los hospitales galos más allá de su límite. Los médicos racionan los analgésicos y reutilizan las mascarillas.

El centralizado estado francés y su poderosa presidencia facilitan coordinar los extraordinarios esfuerzos para trasladar pacientes, que se han extendido a todo el país e incluso a los territorios de ultramar.

Pero la pandemia ha dejado al descubierto puntos débiles en el reconocido sistema hospitalario tras décadas de recortes de gastos. Cuando el presidente visitó un hospital parisino en el frente de la lucha contra el virus, un indignado neurólogo le reclamó que volviera a invertir en sanidad de forma masiva.