AP Foto/Gerald Herbert
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ESTADOS UNIDOS.- Diez años después de la explosión en una plataforma petrolífera que mató a 11 trabajadores y desató una pesadilla ambiental en el Golfo de México, las compañías están perforando en aguas más y más profundas, donde las recompensas pueden ser enormes pero los riesgos son aún mayores que nunca.

Líderes de la industria y funcionarios del gobierno se dicen determinados a evitar que se repita el desastre de la plataforma petrolera Deepwater Horizon de BP, que derramó 507 millones de litros (134 millones de galones) de crudo que contaminaron playas desde Luisiana hasta Florida, mató a centenares de miles de animales marinos y devastó la economía turística.

Pero las reglas de seguridad adoptadas tras el derrame han sido parcialmente eliminadas como parte de las gestiones del presidente Donald Trump para aumentar la producción de crudo de Estados Unidos. Y datos del gobierno examinados por The Associated Press muestran que el número de inspecciones de seguridad ha declinado en años recientes, aunque las autoridades afirman que las revisiones de registros electrónicos, sistemas de seguridad y componentes individuales de plataformas han aumentado.

Hoy en día, las compañías dependen cada vez más de reservas más profundas e inherentemente más peligrosas, donde las cuadrillas de exploración tienen que lidiar con una presión enorme y temperaturas del crudo que pueden alcanzar 177 grados centígrados (350 F).

Pese a una inversión de 2.000 millones de dólares realizado por la industria en equipo para atender una explosión como la de Deepwater Horizon, algunos científicos, exfuncionarios del gobierno y ambientalistas subrayan que las prácticas de seguridad parecen estarse debilitando.