FOTO EFE
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GUANAJUATO.- La pandemia mundial de coronavirus está transformado al mundo en general, y las formas de hacer y difundir cine en concreto. Tanto es así que las butacas del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés) se convirtieron en lanchas.

La sana distancia y el riesgo que representan los lugares cerrados obligaron a los organizadores de este festival, realizado desde hace 23 años en el céntrico estado mexicano de Guanajuato, a exhibir algunos de sus largometrajes en un nuevo formato de cine: el Aquacinema.

Para ello, fue habilitada una megapantalla -12 por 7 metros- en la Presa de la Olla, ubicada en la ciudad colonial de Guanajuato, capital del estado y catalogada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

El vaso de la presa hizo de una sala de cine. Las butacas son pequeñas y enumeradas lanchas de madera en donde máximo pueden ir cuatro personas, todas con chaleco salvavidas y cubrebocas. Por función solo son permitidas 30 lanchas -120 personas-.

Antes de entrar, personal médico con trajes de protección toman la temperatura a los espectadores y les proporcionan gel hidroalcohólico para luego encaminarlos a un "arco sanitizante" que los rocía de una sustancia desinfectante.

Superados los filtros, los asistentes son embarcados en las lanchas y deben remar hasta el lugar de la presa que consideren mejor para ver la película.

Si el viento hace de las suyas, los espectadores deben remar hasta volver a su posición inicial.

Una vez iniciada la función, el graznido de los patos se mezcla con el sonido de la película, que en la noche del viernes pasado fue la brasileña "My name is Baghdad" (2020), que fue premiada en el Festival Internacional de Cine de Berlín.