Tags:

NUEVO LEÓN.-Mucho se ha hablado de que estamos en la “Gran Pausa”, y de cómo desde ciertos aspectos específicos y temporales (para no ser optimistas de más) las medidas de distanciamiento social han sido una especie de “respiro para el planeta”, por ejemplo reduciendo las emisiones de carbono. Desafortunadamente esta “Gran Pausa” no se extendió a nuestra generación de basura.

Al inicio me sentí optimista pensando que tendría que haber una reducción por todos los eventos masivos que se han suspendido, desde festivales de música, la liga de fútbol, cierre de restaurantes, etc. y no, no me es ajeno el golpe económico de la suspensión de esas actividades. Parte de mi trabajo consiste en la planeación de estrategias para reducir el impacto ambiental de este tipo de eventos, sobre todo la disminución de su generación de residuos, así que personalmente perdí proyectos. Pero así como sucede con la materia que no se crea ni se destruye solo se transforma, sucedió con los residuos.

Si bien es cierto que hubo un reducción en los residuos generados en comercios y en el sector industrial, hubo un incremento en los generación desde casa. Según cifras de Red Ambiental, una de las empresas que realizan el servicio de recolección en el área metropolitana, este incremento es hasta de 15%.

En esta etapa que aún podemos considerar temprana de la crisis provocada por Covid -19 (aún no hay claridad si en algún momento regresaremos a la “normalidad”) ya hay señales que indican un agravamiento de la crisis de contaminación plástica.

Insumos médicos que se utilizan en la prevención de contagios de Covid-19 como mascarillas, caretas, guantes, botecitos de alcohol en gel, botes de cloro y desinfectantes, se volvieron bienes de canasta básica.

El servicio de entrega a domicilio pronto se reveló nuestro mejor instrumento para comprar sin romper el ya onceavo mandamiento de “Te quedarás en casa” y los gobiernos y empresas se apresuraron a entregar kits de ayuda de productos empaquetados o envasados en plástico y puestos juntos en más plástico en forma de bolsa.

Con estos nuevas normalidades inició una oleada de producción de residuos, más empaques, más envases, más latas, más bolsas. Además, ya es común ver en las calles de Monterrey, mascarillas y guantes de látex acompañando a la basura que ya ensuciaba nuestros espacios públicos y naturales y que se acumulaba en tiraderos clandestinos.

Surge la pregunta, ¿la nueva normalidad post pandémica significará un mundo aún más contaminado por plástico?

Hace un par de semanas CNN publicó una nota sobre un estudio realizado por la Universidad de Manchester, los resultados de este demuestran que el nivel de microplásticos en el fondo marino es el más alto registrado, con 1.9 millones cubriendo solo un metro cuadrado.

Señales de agravamiento de la crisis de contaminación plástica también se están manifestado en México y en Monterrey.

La Asociación Nacional de la Industria del Plástico (ANIPAC) redobló sus esfuerzos mediáticos para convencer a la opinión pública sobre las bondades de los plásticos desechables frente a la crisis sanitaria. Por supuesto que es cierto que muchos de los insumos médicos para el combate y la prevención de contagio del nuevo coronavirus son fabricados a partir de este polímero.

Dicho sea de paso que los beneficios de los usos médicos del plástico nunca han sido cuestionados por las comunidades cero residuos o por las ONGs cuya causa es solucionar la contaminación plástica.

Sin embargo, en algo que no puede sino ser calificado como oportunismo pandémico, las cámaras de la industria del plástico sin fundamento científico y aprovechándose de los temores al contagio afirman que el uso de artículos desechables como platos, vasos, cajitas, cubiertos, bolsas, popotes, etc., es más seguro para prevenir contagios.

De acuerdo al New England Journal of Medicine, el virus SARS – CoV-2 sobrevive horas e incluso días en superficies de todo tipo de material, plástico, aluminio, cartón, vidrio, telas, etc., por ejemplo, en el caso del plástico y acero hasta por tres días, 24 horas en cartón y 4 horas en cobre. [1]

Así las cosas, el virus puede sobrevivir en un vaso desechable de plástico o en un vaso reutilizable de acero inoxidable por el mismo tiempo. La diferencia es que el vaso reutilizable lo lavas o incluso desinfectas después de usarlo y como tú, se QUEDA EN CASA. Mientras el desechable lo tiras a la basura, y con esto sacas un riesgo de contagio a la calle. No podemos olvidar que de acuerdo a la OMS, 80% de las personas que han contraído el virus permanecen asintomáticas o con síntomas leves y por lo mismo permanecen sin ser diagnosticadas mediante una prueba.

A pesar de que el estudio del New England Journal of Medicine ha sido citado en una multiplicidad de artículos en fuentes confiables y de amplia difusión, nuestras autoridades cayeron en el mito de que el uso de desechables es más seguro durante la pandemia y retrasaron la implementación de la reforma a la Ley Ambiental del Estado que prohíbe la entrega de bolsas plásticas desechables en supermercados y establecimientos similares que entraba en vigor este mismo mes.

El diputado local Luis Susarrey, dijo que siguen el ejemplo de Ciudad de México y de Nueva York, que también retrasaron la entrada en vigor de prohibiciones a estos artículos por considerarlos más seguros durante la pandemia que las bolsas reutilizables.

Seguir el ejemplo de ciudades estadounidenses en este tipo de medidas no es un símbolo de buenas prácticas. De acuerdo a un artículo publicado por The Guardian, los hacedores de política pública en Estados Unidos tampoco están libres de la influencia de la industria del plástico y la industria petrolera, siempre constantes en su cabildeo para impedir que sus actividades o productos sean regulados o sacados del mercado, aún por razones justificadas como la protección de la salud, la preservación de la naturaleza y el combate a la crisis climática. [1] En el citado artículo se menciona a ONGs como el Manhattan Institute y el Competitive Enterprise Institute fondeados por el Charles Koch Institute y la American Fuel and Petrochemical Manufacturers Association, organizaciones negacionistas del cambio climático que sistemáticamente cabildean en contra de política pública para mitigar emisiones de gases de efecto invernadero.

Lo cierto es que ningún estudio ha examinado aún cuánto tiempo sobrevive el virus específicamente en bolsas reutilizables, pero sí sobre distintos tipos de tela. De acuerdo a un artículo publicado en el Huffpost en donde se entrevistó a médicos y epidemiólogos la vida del virus puede depender del tipo de fibra, su porosidad y qué tan rápido se sequen minúsculas gotitas de saliva que puedan haber aterrizado en la tela. [2]

Cabe recordar que las autoridades sanitarias no están recomendando usar ropa desechable y tirarla o incinerarla después de cada uso, lo indicado es lavar la ropa si es posible con la opción de agua caliente de la lavadora, lo mismo debe de suceder con las bolsas reutilizables de tela, lavarlas después de usarlas.

El uso generalizado de las bolsas de plástico en las entregas de ayuda gubernamentales tampoco es lo más seguro, sería mejor tanto para el medio ambiente como para la protección de la salud de gente hacerlo en cajas de cartón, material en el que el virus sobrevive 24 horas en comparación de los 3 días del plástico.

Otra afectación más en el manejo de residuos está ocurriendo en SIMEPRODE (nuestro relleno sanitario metropolitano), donde para prevenir contagios entre las personas que laboran en las bandas clasificadoras se ha suspendido la clasificación y recuperación de residuos reciclables, es decir, PET, vidrio, aluminio, fierro, cartón.

De por sí la recuperación de reciclables era muy poca considerando la cantidad total de residuos metropolitanos (solo se cuenta con capacidad para clasificar los residuos de los municipios de Monterrey y San Pedro Garza García). De las 6,000 toneladas de residuos que llegan diariamente a SIMEPRODE solo se recuperan aproximadamente 60 toneladas de reciclables.

Actualmente todos los reciclables están siendo confinados (enterrados) con el resto de la basura. Esto produce varios efectos negativos, el porcentaje de reciclaje en Nuevo León se verá disminuído, se perderán materias primas útiles y se incrementará la demanda de materiales vírgenes, es decir, más petróleo, más agua, más madera, más alumnio, etc., y la intensificación de las actividades de extracción y explotación de estos. Además le restará años de vida útil al relleno sanitario, que con los volúmenes de residuos confinados pre Covid-19 se estimaba en sólo 5 años. El costo ambiental y económico de hacer un nuevo relleno es muy alto.

La verdad es que aún no tenemos todas las respuestas sobre el Covid -19 y que algunas industrias manipulen o fabriquen información es peligroso. Lo que sí sabemos es que no hay sustituto para la medidas de higiene y de distanciamiento social que las autoridades de salud indican constantemente.

La ciudadanía debemos informarnos por fuentes válidas basadas en ciencia y evitar caer en una psicosis higiénica provocada por información manipuladora de cabilderos de industrias con agendas contaminantes. No podemos darnos el lujo de caer en prácticas que no resuelven la crisis de salud y que agravan las ambientales.

En estos tiempos del Covid – 19 debemos ser aún más responsables sobre nuestra manera de consumir y de producir residuos. Generarlos y sacarlos de casa sin ninguna consciencia para que alguien más se encargue de ellos solamente empeorará la crisis de contaminación plástica e incrementa los riesgos de contagio para quiénes trabajan en su manejo, desde personal de limpia, pasando por recolectores, clasificadores y pepenadores.

Al final la pandemia nos reafirma lo que ya sabíamos, nuestro estilo de consumo requiere de cambios urgentes hacia un sistema de economía circular, con la que evitamos la generación de tantísimos residuos y la manera en que los manejamos requiere de política pública de vanguardia que con el involucramiento activo de la sociedad dirija al Monterrey post pandémico no hacia un agravamiento de sus crisis sino a ser una ciudad sostenible ambiental y socialmente.